viernes, 10 de diciembre de 2010

Sobrepasé el límite de la famosa felicidad



Fue algo tan extraño. Aún no se lo que me pasó. Lo que nos pasó. Fui capaz de sentirte en mi interior, más allá de la piel. Te tocaba, te miraba, te besaba... pero no estabas ahí. No del modo en que yo creía sentirte. Eramos solo uno, un solo cuerpo, una sola persona, un único corazón... Creo que no existe palabra alguna que pueda definir aquella sensación. Fue algo tan grande. Nunca me había sentido así. Formabas parte de mi. Pude notar un cosquilleo que me recorría de los pies a la cabeza, de un lado a otro, hasta rozarme el alma, hasta hacerme sentir bien. Fue más que eso. Era feliz, por mucho que digan que no es posible serlo del todo. Te puedo asegurar que en ese momento sobrepasé el límite de la famosa felicidad. Fui capaz de comerme a besos y a caricias la piel que nos separaba. Capaz de romper a base de miradas y lágrimas cualquier barrera que pudiera existir entre los dos. Abrí los ojos. Estabas frente a mi. Pero aún podía sentirte en mi interior. Descansabas allí. Pude sentir también tu serenidad, tu sonrisa, tus ganas de vivir inundando cada recoveco de mi dañada alma. Desde ese momento no he dejado de sentirme más y más vivo. Aún puedo notarte al otro lado de mi piel, en mi interior. Me gusta que estés aquí. Siento que de esta manera podemos estar juntos siempre que queramos. Creo que tu también puedes sentirlo. Creo además, que te quedarás aquí durante algún tiempo. Hasta que las cosas ahí fuera empiecen a empaparse por completo. Hasta que tú decidas salir para ver llover a mi lado...

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