lunes, 24 de enero de 2011


Entonces me pregunté… ¿Por qué elegí ser profesora? Pronto lo tuve claro, mis ganas de enseñar a los más pequeños, de mostrarles las cosas a través de la experiencia, de verles alegres con un simple juego, en el que para ellos simplemente es un juego, pero para mí es puro aprendizaje, saber que iba a levantarme todos los días trabajando en lo que me gustaba me hizo sentir bien y entonces obtuve la respuesta. Porque sé que la sonrisa de un niño es mucho más gratificante que cualquier otro regalo recibido en otro trabajo remunerado.

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